Según la fuente, entre el 50 % y el 60 % de nuestras actividades diarias se realizan por costumbre. La mente adora los hábitos porque implican un gasto mínimo de energía mental. No me detengo a pensar en los detalles de atarme los cordones cada mañana o encender la luz al entrar en una habitación. Realizo la tarea sin gastar energía pensando en los detalles. Claro que realizar tareas por costumbre puede ser un arma de doble filo. También puede dar lugar a comportamientos indeseables. Los hábitos son comportamientos automáticos que se inician con poca reflexión. Los buenos hábitos pueden ser muy útiles para una jugadora, ya que facilitan una respuesta rápida sin necesidad de analizar una situación metódicamente.
La respuesta rápida se logra mediante una "secuencia de hábitos". Esta secuencia de hábitos tiene tres componentes: la "señal", que es el estímulo o desencadenante que inicia la acción; la "rutina", que es la forma en que el cuerpo responde a la señal; y la "recompensa", que impulsa los hábitos al indicarle al cerebro que vale la pena repetir esa acción en particular. En muchas situaciones de juego, cuanto más podemos poner a la deportista en "piloto automático" mediante el conjunto de secuencias de hábito, menos energía mental se utiliza, lo que facilita una reacción más rápida. Por ejemplo, la atacante muestra un toque con la mano atacante (señal), la defensora reconoce la señal y se ubica para defender el ataque a velocidad reducida (respuesta), y la pelota se juega con éxito (recompensa). Este "conjunto de hábitos" se realiza sin análisis mental gracias a las repeticiones y la retroalimentación que la atleta ha recibido durante sus rutinas de entrenamiento. La energía mental ahorrada se puede utilizar de otras maneras. Sin embargo, las jugadoras también han desarrollado malos hábitos. ¿Cómo puede suceder esto? Es sencillo. Se implementa el mismo conjunto de hábitos. Por ejemplo, la defensora izquierda intercepta un toque de balón de la oponente. En cuanto toca el balón, su siguiente responsabilidad es pasar el balón a una atacante (señal); sin embargo, el mal hábito consiste en no incorporar un buen juego de pies para el ataque (respuesta); debido a este mal juego de pies, no pudo rematar el balón durante el ataque, pero el proceso fue menos exigente físicamente (recompensa). En esta situación, no todas las recompensas benefician al equipo, de ahí el término "mal hábito".
Cuanto más fuerte sea la conexión entre la señal y la respuesta, más arraigado estará el buen o mal hábito. Siguiendo el mismo ejemplo, la jugadora que golpea siendo punta (señal), luego se aleja de la red para realizar una aproximación de cuatro pasos (respuesta) y remata el ataque de transición (recompensa). La conexión entre la señal y la respuesta se fortalecerá con la repetición, facilitando la formación de buenos y malos hábitos. La fuerza e impacto de esta conexión subrayan la importancia de las repeticiones conscientes durante la práctica.
El ciclo de hábitos y los entrenadores
Hasta ahora, nos hemos centrado en cómo las jugadoras adquieren hábitos. Pero ¿Qué pasa con nuestros hábitos como entrenadores? Si aplicamos el Ciclo de Hábitos a los entrenadores, funciona igual. Al igual que con los hábitos de las jugadoras, puede ser bueno o malo. Mal hábito: El primer día de entrenamiento (señal), el entrenador desempolva el libro de ejercicios del año pasado y repite los mismos ejercicios (respuesta), y el entrenamiento transcurre sin mayores problemas (recompensa). O, desde una perspectiva más positiva, el equipo tiene su primer día de entrenamiento (señal), el entrenador implementa un nuevo calentamiento, dejando de lado el programa de estiramientos para centrarse en el movimiento y el control del balón (respuesta), y las jugadoras reciben más repeticiones de movimientos específicos de habilidades y más toques de balón (recompensa).
Las rutinas positivas son la clave para desarrollar hábitos positivos.
La mayoría de los hábitos no empiezan como tales, sino como rutinas. A primera vista, estos dos términos parecen intercambiables. Sin embargo, la diferencia es bastante marcada. Tanto los hábitos como las rutinas son acciones regulares y repetidas, pero los hábitos se realizan con poca o ninguna consciencia. En cambio, las rutinas requieren un mayor grado de intención y esfuerzo que conduce a resultados positivos. Si mi rutina consiste en levantarme de la cama cada mañana a las 5:30 para hacer ejercicio, aunque sea difícil, mejorará mi condición física. Planifico cada entrenamiento para incluir cardio y entrenamiento de fuerza, y controlo mi progreso. Es la rutina diaria la que produce el resultado deseado.

Para los entrenadores de voleibol, una rutina típica podría ser reunirse con el equipo 15 minutos antes del entrenamiento para presentar el enfoque de la práctica, las palabras clave que se usarán para enfatizar una habilidad en particular, los ejercicios que se realizarán con énfasis en las áreas específicas y los objetivos medibles del entrenamiento. La información previa al entrenamiento se profundiza al enfocarse en el juego de pies específico para el ataque, el movimiento eficiente hacia el balón en la recepción del saque o el ataque contra las manos de las bloqueadoras. A medida que avanza el entrenamiento, el enfoque de entrenadores y jugadoras reflejará la sesión previa en la pizarra. Con la repetición diaria, las rutinas pueden ser la base para desarrollar buenos hábitos, lo que se traduce en resultados positivos y visibles durante la competición.
Los entrenadores pueden incorporar una rutina a su desarrollo personal. La señal podría ser mejorar sus conocimientos como entrenador; la rutina podría consistir en dedicar 30 minutos diarios a leer o ver vídeos instructivos sobre desarrollo de habilidades, comunicación, gestión de partidos o entrenamiento físico. La recompensa es estar mejor preparados para ofrecer el mejor entorno de aprendizaje a su equipo.
Establecer y mantener una rutina es difícil. Para progresar, debes ser específico sobre lo que deseas lograr y establecer una rutina constante para alcanzar esos resultados. ¿Cuánto tiempo se necesita para ver resultados positivos en la cancha? No importa si han pasado veinte, treinta o trescientos días. Lo que importa es cuántas veces repites la acción. La clave es la repetición. Identifica el aspecto del juego en el que te estás enfocando, luego los componentes clave dentro de ese aspecto (piensa en las claves de las claves) y luego desarrolla un plan para trabajar incansablemente con tus jugadoras para que puedan ejecutarlo de manera consistente.

Por ejemplo, si solo trabajas en el juego de pies para bloquear una vez cada tres semanas, las expectativas de mejora serán bajas. Para aumentar la consistencia en el juego de pies para bloquear, identifica los componentes clave (postura inicial, paso lateral, cruce de 3 pasos, cruce de 2 pasos, cruce de 1 paso, etc.), divídelos en partes manejables y practícalos diariamente como parte de tu rutina. Los componentes clave para una rutina que produce resultados positivos son: 1) la consistencia de la rutina, 2) la existencia de objetivos específicos y 3) que la deportista sea llevada al límite de sus capacidades.
Si has leído mis blogs anteriores, notarás que estos tres ingredientes son muy similares a los componentes de la Teoría del Aprendizaje Cognitivo y la Práctica Deliberada. Una cultura de equipo que acepta los desafíos de implementar una rutina consistente y exigente hace que el proceso sea más agradable.
Seamos honestos: ser un equipo ganador es difícil. Si no lo fuera, habría más equipos buenos. Una de las cosas más efectivas que puedes hacer para crear mejores hábitos es establecer una cultura donde (1) el comportamiento deseado sea el comportamiento esperado, (2) las jugadoras entiendan el "por qué" de la rutina y (3) tus jugadoras tengan una visión compartida para el grupo y estén dispuestas a trabajar. Recuerdo a la nadadora Katie Ledecky siendo entrevistada durante una competencia olímpica. El entrevistador le preguntó cómo había alcanzado un nivel de rendimiento que le permitió ganar nueve medallas de oro olímpicas. El reportero buscaba algún "secreto" que la llevara al éxito. Ledecky pareció confundida y respondió: "Simplemente trabajo todos los días". Al ver la entrevista, recuerdo lo excelente que fue esa respuesta a la pregunta. No hay un secreto para mejorar. Convertirse en un gran equipo es un esfuerzo diario, reflejado con precisión en la respuesta de Ledecky. El éxito es el resultado de una rutina diaria específica y desafiante. ¿Qué rutinas implementas para tu equipo en cada sesión de entrenamiento? ¿Qué rutina puedes implementar para tu desarrollo como entrenador? Cualquier rutina puede ser repetitiva y tediosa (como los entrenamientos de las 4:30 p.m.). Ese es parte del desafío. Intenta darle un toque diferente variando la actividad, sin descuidar la coherencia del contenido. Piensa a largo plazo. El objetivo no son los resultados inmediatos, sino establecer una conexión duradera y positiva en el ciclo de hábitos.



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